Los Piratas de las Bermudas/ Dos AbordajesEl sol iba al ocaso entre grises nubarrones, que hinchados por el viento del poniente, se haban ido extendiendo poco a poco sobre el Atlntico. Las olas, que reflejaban los ltimos fulgores del da, murmuraban, corriendo libremente la extensin inmensa que existe entre las costas americanas y las cuatrocientas Bermudas, islotes colocados en torno de la Gran Bermuda, que es la nica isla habitada de aquel gran montn de tierras perdidas en medio del gran
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El sol iba al ocaso entre grises nubarrones, que hinchados por el viento del poniente, se habían ido extendiendo poco a poco sobre el Atlántico. Las olas, que reflejaban los últimos fulgores del día, murmuraban, corriendo libremente la extensión inmensa que existe entre las costas americanas y las cuatrocientas Bermudas, islotes colocados en torno de la Gran Bermuda, que es la única isla habitada de aquel gran montón de tierras perdidas en medio del gran océano oriental. Dos naves, cubiertas de velas hasta los topes, avanzaban dulcemente empujadas por las olas, que batiendo contra ellas a babor, alzaban las con mesurado murmullo, que sonaba cual la gran poesía de los mares. El viento de lebeche, bastante fresco, hinchaba las telas, silbando entre centenares y centenares de jarcias, cables y poleas. Una de dichas naves era una espléndida corbeta, larga y sutil, pero de mucho porte, puesto que de sus bordas salían veinticuatro bocas de cañón, mientras que en el puente y en el ancho catillo de popa había dispuestos en barbeta cuatro, gruesas piezas de caza.